domingo, 10 de octubre de 2010

Sentía el agua rozando todos y cada unos de mis sentidos,
la arena, bailando al compás con mi pelo
las piedras, entonando una dulce melodía,
el sol, en mis parpados, graciosas nubes dibujando con la imaginación.

 
–¿Qué haces?
–Reir. Respirar. Oler. Imaginar.
–No te he oido reir.
–Eso es porque me reía por dentro–dije con un deje molesto en la voz.
–Pues entonces deja de reir, y dame un beso –dijo mirándome mientras se estiraba, a manera de abrazo– y sigue riendo siempre que puedas.
–¿Porqué?
–Porque tienes la sonrisa mas asombrosamente soleada y pura, que he visto en mi vida.


Luego, contracorriente a las olas y todo lo que venía detrás conseguimos seguir besandonos, mientras reíamos a través de esa brisa marina, y desde entonces ese olor tan suyo que le caracteriza, y le hacía diferente a todo lo demás.

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