miércoles, 22 de septiembre de 2010

Abrí los ojos cuando la habitación estaba inundada por pequeñas manchas de luz debido a la persiana. Volví a cerrarlos sin acordarme de dónde estaba... y con quien.
Respiré profundo, saboreando su embriagador aroma.
Resvalaba sus dedos por mis caderas, de arriba a abajo, una y otra vez. Sentaba tan bien: sus caricias, su boca contra mi frente, su clavícula contra mis labios...
-Hola- saludé en voz baja.
-¿Ya has despertado?- respondió del mismo modo.

Asentí.
-Con lo mona que estabas durmiendo...- se quejó con una nota de humor.
-¿Quieres decir con eso, que despierta no lo estoy?
-Despierta estás igual de preciosa, pero nunca te había visto dormir. Y debo decir, que me llena de alegría verte... así.

Le miré, y al hacerlo, me percaté de que se había sonrojado.
-¿Así?- le pregunté insegura.
-Si... no se... tan cómoda, tan tranquila... Tan... delicada...

Cambié de postura y me coloqué encima de él.
Nunca me había fijado en que estaba más guapo nada más despertarse, despeinado, sin arreglar. Aunque no parecía que acabara de dormir, sino que había estado esperándome despierto un buen rato. Tanto tiempo que daba la impresión, si yo no lo supiera, de que se había tomado un café.

-¿Llevas mucho tiempo despierto?- quise saber.
-Solo lo necesario para verte a tí hacerlo.

Me acurruqué contra su pecho.
Deslizó sus manos hacia mi espalda.
-Ojalá pudieramos despertarnos así todos los días. ¿no crees?
Parecía desanimado, como si deseara con todo su ser que pudiéramos hacerlo.
-Todos los días no podemos, pero ya sabemos qué hacer para conseguirlo- reí.
-¿Lo qué?- preguntó intrigado.
-Hacer que algunos de nuestros padres se vayan de escapadita romántica y nos dejen uno de los pisos para nosotros.
-Cierto, siempre y cuando no se enteren...

Rompimos a carcajadas.
-Que tonto eres- bacilé.
-¡Qué!¡¿Por qué?!
-¿De verdad piensas que no se dan cuenta de que hemos pasado la noche juntos?

Torció la sonrisa.
-Bueno, no estoy seguro, supongo que lo sospechan...
-¿Que lo sospechan?- volví a reirme-Nuestros padres también tuvieron nuestra edad hace mucho, por si no te das cuenta. Estoy convencida de que ellos también han hecho lo mismo alguna vez.
-Entonces no deberíamos de hacerlo a escondidas. Como ellos siempre dicen: es algo natural- afirmó satisfecho.
-¿Quieres decirles a tus padres lo que hemos hecho esta noche?

Se le abrieron los ojos como platos.
-Ehm...
-Lo suponía. Pues entonces es mejor que sigamos pasando las noches a
   "escondidas"
.
Sonreímos a la vez.
-¿Y por qué solo las noches?- inquirió.
-¿Qué?

No tuve tiempo ni de tomar aire. Se avalanzó sobre mí como un león lleno de hambre.

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